Google+ Followers

miércoles, 18 de febrero de 2009

La técnica de Uta Hagen


LA TÉCNICA DEl ACTOR
Armado de una pasión por la expresión personal, de un punto de vista particular y de un objetivo concreto, el actor debe adquirir un dominio de su oficio, porque, de lo contrario, todo el talento y la buena voluntad no le servirán para nada.

Retomando algunas anotaciones de Uta Hagen:
Existe una gran falta de conocimiento y mucha desinformación sobre la naturaleza de este oficio, más que sobre las otras artes. Se dice que la interpretación es un oficio meramente intuitivo y que no requiere técnica alguna. “Has nacido para ser actor”, “a actuar no se aprende”, “a actuar no se enseña”, son frases que nacen de la ignorancia y de los prejuicios que una vez más relegan al actor a la figura de niño tonto con talento. Ésta es la opinión de aquellos que creen que los “trucos del oficio” se aprenden actuando en público. Y también parece haberse extendido hasta nuestros sindicatos. Éstos aceptan a todos el que haya sido contratado por un golpe de suerte o por un familiar, con un solo trabajo a sus espaldas y sin previa formación o experiencia. De esta manera nuestro teatro sigue siendo un arte mediocre, lleno de gandules y de imitaciones de estilos de teatro prefabricado que sólo salvan algunos actores excepcionales, gracias a que, dejando aparte su talento, saben lo que es el respeto, entienden su oficio y trabajan para perfeccionarlo.

Uta Hagen afirma rotundamente que todavía tenemos que superar los aspectos negativos de nuestra herencia teatral norteamericana. Una de estas rémoras es creer que la única manera de aprender, al igual que se hacía en el pasado, es entrando a formar parte de un grupo de actores ambulantes, en una compañía fija o en una agencia teatral como aprendiz y representar papeles cortitos, en ocasiones asesorado o dirigido por el director o por los actores principales, o simplemente copiando el estilo. Evidentemente, los actores con un talento extraordinario lograron sobrevivir porque supieron desarrollar una manera intuitiva y muy personal de trabajar (a menudo incapaces de articular) y confiaron en la experiencia de actuar ante un público para crecer como artistas. Pero éstos fueron y siguen siendo una excepción.

Cuando el público asiste a un ballet y observa las piruetas de los bailarines, los ascensos, la elasticidad, los veloces entrechats se quedan atónitos ante la maestría de este arte, y saben que lo que acaban de experimentar no habría sido posible si los artistas no hubieran pasado por años de práctica y formación.

Cuando el publico va a un concierto y observa como el violinista coloca su instrumento bajo el mentón, oprime las cuerdas con los dedos de una mano y arrastra el arco con la otra mientras toca una música maravillosa, sabe que es algo que nadie podría hacer igual de buenas a primeras. Y tampoco se fija en la técnica: se limita a escuchar la música y a disfrutar del ballet.

Cuando la técnica del actor destaca en primer plano, como ocurren con el teatro “eficaz” y artificial, de poses estudiadas, de recitación de palabras de modo mecánico, a menudo “tarareadas” por voces bien entrenadas, cuando se derraman lagrimas por el simple motivo de enseñar la capacidad que uno tiene de llorar en público en el momento justo, cuando la rimbombancia y el histrionismo se adueñan del ambiente, el público suele quedar impresionado porque sabe que nadie sería capaz de conseguir lo mismo.

Yo admiro a un actor cuando su técnica es tan perfecta que se hace invisible y consigue que la audiencia sienta la presencia de un ser humano vivo con el que pueden identificarse en sus manías y sus preocupaciones a medida que éstas se van descubriendo en la obra. Creo fervientemente que cuando el público reconoce una proeza y se da cuenta de cómo se ha hecho, significa que el actor ha fracaso. No ha sabido utilizar bien la técnica.

Desgraciadamente, cuando triunfa, cuando su trabajo comunica y su poder como ser vivo ha traspasado y ha llegado a las butacas, es entonces cuando la mayor parte del público está convencido de que ellos también pueden hacerlo, dejando aparte el recurrente: “¿Cómo pueden aprenderse tanto texto?”
Por lo demás, los espectadores se creen unos críticos experimentados y a menudo aleccionan a los actores con sus “esto se hace así”, “esto es hace asá”. A veces, el actor inseguro, aturdido, llega incluso a escuchar y a tomar la dirección equivocada. El actor debe saber que, dado que es un instrumento, debe ponerse al servicio del personaje y utilizarlo con la misma destreza con la que el violinista hace música con su violín. El hecho de que el cuerpo de un actor no sea como un violín no significa que la técnica sea más fácil de adquirir.

La curiosidad malsana de qué es lo que motiva a un actor a serlo, que se pone de manifiesto continuamente en los programas de entrevistas, al igual que en los interminables talleres abiertos, las frases superficiales que los actores contestan (a menudo acompañadas de anécdotas personales “graciosas”), no hacen más que agravar el problema. Ni el público, ni los presentadores de los programas, suelen mostrar interés en oír hablar sobre los ejercicios de dedos de un músico, de los pliés de una bailarina, de la paleta de un pintor ni de cómo éste aplica las capas de pintura a sus acuarelas. ¿Por qué deberían entonces interesarse en nuestra técnica? Es nuestro problema, no el de ellos. Así que a ti, actor, que de todo tu ser haces tú instrumento, cuida tu orquesta, afinala y preparate para ponerte al servicio del personaje y utilizarlo con la misma destreza que un violinista.

¿Por qué una técnica en el actor?

¿Por que nuestra técnica?
A los 22 años, el violinista Yehudi Menuhin, un niño prodigio que hizo su debut profesional a los 12 años, comenzó a tener problemas con su afinación; (afinación es obtener la nota exacta que uno quiere, sin alterarla por una mala posición de los dedos.) Como su viejo profesor se había retirado le escribió a otro gran violinista, Eugene Ysaye. El escribió: “Me gustaría tocar para Ud.”, lo que significaba “me gustaría estudiar con Ud.”. E Ysaye le contestó: “Yo no tomo estudiantes, pero me gustaría escucharlo tocar”. Así, Menuhin le ofreció algo muy difícil como las Partitas de Bach. Cuando terminó de tocar el maestro le dijo: “Maravilloso… fantástico. Si yo fuera Ud., comenzaría a practicar las escalas.”. Menuhin se fue confundido y herido. He aquí uno de los violinistas más famosos del mundo siendo aconsejado de volver a las bases. Él llamó a su viejo profesor para comentarle lo sucedido. Su maestro le dijo: “por supuesto, cuando eras un niño, de seis o siete años, y te daban una tarea a cumplir, que normalmente llevaría una semana de trabajo, vos la traías al día siguiente, técnicamente equivocada pero completa, yo no podía de ninguna forma criticar ese trabajo”.

Ahora que Menuhin tenía 22 años y sus dedos no eran tan ágiles como antes, él tenía que reaprender como utilizar sus dedos y pulir la técnica que de niño era imposible inculcarle. Menuhin, como la mayoría de la gente joven, estaba más interesada en los resultados exitosos. Por supuesto de la misma manera en que existen niños genios, también existen niños que con trabajo duro, esfuerzo y entrenamiento se transforman en violinistas de concierto.

En todo arte creativo: Pintura, escritura, danza, etc., reconoceremos la necesidad del individuo de entrenarse para perfeccionar su arte. Solo en el arte de la actuación es donde encontramos gente diciéndonos que la única forma de aprender a actuar es caminar sobre el escenario y actuar. Si eso fuera verdad, entonces la manera de aprender a tocar una sonata de Bethoven sería sentarse al piano y tocar una sonata de Bethoven. Pero no, no se puede hacer eso, debemos sentarnos al piano y estudiar las notas primero, y luego las escalas más simples. La primera meta de una artista es entrenar su instrumento. En el caso de un pianista es el piano, en el caso del actor es él mismo. Cuando un actor ha logrado maestría propia estará listo para interpretar un rol, de la misma manera en que un pianista estará listo para tocar una sonata.

Veremos un poco más en esta analogía. Cuando una persona comienza a leer notas y tocarlas en el piano, puede muy rápidamente comenzar a tocar piezas simples. Paralelamente irá creciendo su entrenamiento y aprenderá piezas mucho más complejas. Como actor joven no pensarás hacer “Rey Lear”, ¿porqué entonces pensar en hacer Romeo sin aprender lo básico? De todas maneras es un logro saber que empezar a estudiar es empezar a actuar. crecemos con el conocimiento del arte. Aquí no podremos darte talento, pero te daremos todo el conocimiento para desarrollar el máximo potencial de tu talento.

Ahora, es evidente que necesitas una técnica, la inspiración no es suficiente, porque es impredecible. Stanislavski fue el primero en reconocer la universalidad de estas técnicas y, junto a los trabajos de Pavlov y la psicología moderna, formo una aproximación a la actuación moderna.

Actuar un rol, no es solo aprender líneas, pausas, gestos, etc., e imitar lo que hicimos antes; actuar un rol significa crear la vida interna de un personaje tal cual lo imagino el autor. Esto es: pensamientos, sensaciones, percepciones y emociones en un estado de fluidez natural.

Nuestra Técnica no es en “lugar de” cualquier otra forma de actuación, es un adjunto a otras formas de actuación. Si fuistes entrenado en otras formas o no recibiste entrenamiento; no interesa, aquí comenzaremos con la persona en si misma, con un cuerpo: su pasado y sus sentidos. Lo entrenaremos para responder rápida y totalmente a todo estimulo en un esfuerzo de crear realidad en la actuación y espontaneidad en el trabajo. El énfasis está puesto en el descubrimiento de uno mismo. Con la Técnica puedes aprender realmente como reaccionar ante ciertos estímulos y te convertirás en un individuo como ningún otro actor en el mundo. los jovenes tienen una ventaja: la juventud y potencia física, mental; y emocionalmente más receptividad y capacidad de aprender más rápidamente que la gente mayor. Pero es preciso tener en cuenta que el estudio no es “por ahora” sino que deberá ser algo permanente para su crecimiento y desarrollo. Estamos estudiando para mañana y por el mañana.