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viernes, 16 de septiembre de 2011

Crear o Caer

Aqui os dejo parte de un texto de Marco Antonio de la Parra

Parte de la base que ya estás obsoleto.
Parte de la base que lo que estás pensando ya lo pensó tu competidor.
Parte de la base que nuestra tendencia es hacer lo mismo cada día.
La primera función adaptativa es repetir.
Somos básicamente conservadores.
Lo habitual nos calma.
Marcar el territorio, respetar ciertas costumbres, tejer una tradición, convocar un linaje, poder
imaginar una historia con un trazado previsible.
Fue muy útil desde la época de las cavernas hasta anteayer.
Ya no nos sirve.
La consigna de la modernidad: el cambio, ha socavado nuestros hábitos hasta revertir lo habitual
en muerto, la previsión en algo movedizo, el piso firme en fango y la velocidad en una
necesidad vital.
Mutar es lo único que nos calma.
Todo cambia a nuestro alrededor.
Nuestra calle, nuestra casa, nuestra familia, nuestros estilos de vida, el paisaje, el clima.
La verdad sea dicha, siempre cambió, pero nos calmaba sentir que eso parte de un cierto plan
previo al cual pertenecíamos.
La sociedad de consumo, arrasado ya el siglo XX hace mucho rato, ha instalado al fugacidad y
el cambio como la vida misma.
No estamos hechos para el cambio.
Pero el cambio nos ha cambiado.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Así es, pero lo que vivimos actualmente siempre es resultado de lo que hemos estado imbuidos en medio de una sucesión lógica impresionante; nuestro conflicto existencial es permanente, y ha generado que busquemos más de ellos casi de forma instintiva, y como parte de nuestra inherente curiosidad. De ahí que sintamos con tanto ardor que estamos en el cambio, en la transmutación constante.

Mariano Ramos dijo...

Así es, pero lo que vivimos actualmente siempre es resultado de lo que hemos estado imbuidos en medio de una sucesión lógica impresionante; nuestro conflicto existencial es permanente, y ha generado que busquemos más de ellos casi de forma instintiva, y como parte de nuestra inherente curiosidad. De ahí que sintamos con tanto ardor que estamos en el cambio, en la transmutación constante.