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viernes, 20 de marzo de 2009

El estilo sinfónico de Kristian Lupa



(Datos tomados del artículo El cultural (María José RAGUé))

Kristian Lupa es el referente hoy de la escena polaca. No sólo ha formado a la joven generación de directores de su país, sino que ha desarrollado un estilo original con el Teatro Stary de Gracovia reconocido internacionalmente. Visita Madrid por primera vez invitado por el Festival de Otoño con la obra:
"Ritter, Denne, Voss" de Bernhard

Krystian Lupa(1943) ha conseguido definir un estilo teatral propio en el que la intensidad plástica y emocional se unen y en el que la sencillez del espacio se aúna con la enorme complejidad de los sentimientos y sensaciones que nos transmite. Es un realismo psicológico unido al expresionismo de la escena tradicional judía.

Como vimos en Expiación (2002), la angustia y la tensión pueden conjugarse en un espacio y una situación aparentemente común. Es un estilo que Lupa ha conseguido en su trabajo con el Stary Teater de Cracovia, que dirige desde 1984.
Es allí donde se ha formado ese estilo único y personalísimo en que se transgreden las fronteras del individuo y el teatro nos aparece como una fuente de conocimiento.
Es el estilo acaso sinfónico de Lupa, milimetrado, ritual, estructurado como una sinfonía musical. Sus temas recurrentes son la reflexión sobre la soledad, sobre la locura. La elección de los autores que pone en escena nos muestra su línea de trabajo y de pensamiento, su penetración en la situación espiritual del hombre, Robert Musil en 1988 (El hombre sin atributos), Dostoievski en 1990 (Los hermanos Karamazov), y Zaratustra en 2004. El mundo de Lupa es el de la utopía espiritual de la humanidad.

En Ritter, Denne, Voss (1984) Lupa parte de un texto teatral de Thomas Bernhard basado en Wittgestein, dos austríacos que aman y odian a su país y que se interesan profunda y filosóficamente por el tema de la palabra.

En el primer acto, mientras Ritter fuma y bebe mientras hojea revistas, Dene, la hermana mayor, ejerce el ritual de poner la mesa para acoger a Voss, el hermano que vive en una residencia psiquiátrica. En los dos actos siguientes, Voss se revela como un enfermo acaso demasiado excesivo, tal vez demasiado lúcido. Son tres prisioneros de su país, de su época, de las paredes que les encierran. El violento enfrentamiento de los tres hermanos provocará revelaciones desconcertantes. Desde las paredes, los retratos familiares parecen contemplar la escena ejerciendo también su muda violencia. La obra es una sátira de la hipocresía con la intensidad plástica y emocional que caracteriza los espectáculos de Lupa; una puesta en escena violenta y feroz que aborda la frontera de la ilusión teatral, la incomprensión del otro, el sufrimiento, la locura y la soledad. Es un discurso sobre la mediocridad generalizada. En un espacio naturalista, delimita la frontera entre la ilusión teatral y una realidad de la que todos somos figurantes. Es el realismo psicológico de la locura de tres seres. Es un lenguaje que nos habla de la mutilación espiritual del hombre contemporáneo, un hombre prisionero, encerrado entre cuatro paredes. Así son muchos de los personajes de Lupa.

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